El ciclo de la vida

El ciclo de la vida

 

Rafael Ferrando padre e hijo.

Rafael Ferrando padre e hijo.

y lo vió poco a poco alejarse…..

En aquel preciso instante, y aunque estaba envuelto en una charla amena con el resto de compañeros, su subconsciente le abandonó y los recuerdos fueron apoderándose de su cabeza, dejó de escuchar la conversación amena que traía la grupeta, para verse rodeado de momentos pretéritos que giraban por delante de él, casi reales, casi actuales, pero distantes en el tiempo. Los sonidos de las risas, por la última ocurrencia del más dicharachero de sus amigos se difuminaba, sin que pudiera hacer nada para impedirlo.

Campeonato Canarias Fondo Carretera

José Carlos y Adrián Trujillo

La primera vez que lo tuvo entre sus manos, cambio para siempre su vida. Todo  hasta entonces había sido una broma, un paseo sin más responsabilidad, que la que te crea el tener que llevarse algo a la boca para vivir. Sin embargo, con aquel mocoso bajo su custodia, su madurez como persona, había dado un paso al frente. Ahora lo recordaba muy bien, correteando a trompicones por el pasillo de la casa, cuando apenas tenía un año o como orgulloso había presumido con sus amigos, muchos de los que hoy le acompañaban, de la primera vez que se había subido en un triciclo, “este es mi hijo, tiene buena madera de ciclista» les dijo.

Vencido a sus recuerdos y sin ningún tipo de resistencia rememoraba momentos en su vida, bueno, de los dos. Se alegró haber vivido como aquel pequeño, le recordaba «Papi, no te olvides de poner La Vuelta, después de comer» y como se arremolinaba alrededor de él, copiándole todos sus  gestos y aspavientos, después del demarraje del último ciclista de moda local.

 Hilario García y su hijo Marcos García, ambos ciclistas.

Hilario García y su hijo Marcos García, ambos ciclistas.

También de la primera bicicleta que le compró, «su hijo no podría ir en una bicicleta vulgar«, para eso su padre era ciclista,  había pensado gastándose una pequeña fortuna, y se sonrió recordando cómo, sólo le aguantó un año y la tuvo que regalar a un vecino, al quedarle pequeña. «Que primavera fuí…..»

Ya en la pre-adolescencia la cosa se le complicó más, a aquel imberbe le dió por flirtear con las malas compañías. Pero su padre ejerció de tal y no permitió, que los cimientos de la educación de su hijo, que había moldeado desde la infancia, se echaran a perder. Enderezó el edificio, cual arquitecto imaginario y prosiguió con su formación, una vez superado los riegos propios de la edad.

Fué durante un  desayuno, distraído leía la prensa, cuando su hijo lo dejo caer. –«Papá quiero salir con ustedes, en bici los Domingos«. La frase dejó un poso de silencio en la cocina, el comentario le había inmovilizado, ese niño que fué su hijo, había dado paso a aquel «pibe», con pelusa ya en el bigote. Intuyó el gesto de desaprobación de su mujer, a modo de reproche, «te lo dije». Pero sintió como un cóctel de orgullo, desasosiego y satisfacción se apoderaba de él.

Se comportó como un alumno intachable, había encajado con resignación, respeto y silencio  la batería de bromas que semanalmente le lanzaban, toda la banda de veteranos del grupo. Poco a poco se fue ganando el respeto de todos los integrantes. Se empapo de la conducta correcta con la que se tenía que desenvolver en carretera y aprendió los secretos para un día llegar a ser un buen  ciclista. Poco a poco se le fueron moldeando las piernas, hasta mostrar el espléndido aspecto que tiene una soberbia juventud.

El brillante Campeonato de Canarias de Escuela

Alejandro y su nieto

Y aunque tenía la certeza que ese día llegaría, pues el inexorable paso del tiempo es imparable, el enfrentarse cara a cara con la realidad le estaba resultando un poco más duro de lo que pensaba.

Envueltos en la subida del último puerto del día, habían sido rebasados por un grupo de jóvenes, ansiosos de medir sus fuerzas. Los sobrepasaron, sin tan siquiera devolverles el saludo, contrariado volvió  para comentar algo al respecto con algún compañero, cuando se encontró con la mirada deseosa de su chaval. No hizo falta que le dijera nada, rápido intuyó el gesto de su hijo, cerró los ojos un instante, asintió con la cabeza y le dijo «dale». Saltó sin cadena, como un coche de competición cuando se apaga el semáforo en la salida. Hasta ese momento siempre había mantenido una actitud deferente en ese sentido e incluso en ese momento, con esa mirada había pedido su aprobación.

Atrás quedo él, viéndole alejarse y sumido en sus pensamientos. Algún sobresalto le despertó de sus reflexiones. “Bueno…. el ciclo de la vida» se dijo; y retomó la conversación amena que llevaba con todos sus amigos del pelotón…

Dedicado a todos los padres ciclistas, en especial a Rafael Ferrando, gran padre, gran amigo y gran ciclista tristemente fallecido en mayo de 2014 . Un abrazo.

 

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