Y si lo que has comprado viene en una caja vacía…

 

Adeje Bike Shop

Caja de ruedas vacía

Esto que os vamos a contar hoy bien podría ser una simple anécdota, pues al fin y al cabo, en el primer caso es algo que te cuentan y como te pilla un poco lejos se queda en eso, un hecho aislado, pero una vez que esto mismo sucede delante de tí la cosa cambia.

Hace un par de meses, en agosto concretamente, tuvimos que comprar un nuevo ordenador portátil. Una vez escogido el modelo fueron a buscarlo al almacén y cuando lo trajeron, como la caja marrón donde venía no cabía en ninguna de las bolsas de la tienda, nos ofrecieron sacar el ordenador de esa caja, y de paso le echábamos un vistazo.

A modo de broma le dijimos al dependiente: “Sí, ábrela, no sea que venga vacía” y su reacción fue decirnos, “pues no sería la primera vez que nos pasa”. ¿En serio? “Sí, ya nos pasó una vez. Abrimos la caja y donde debía haber un iMac había un ladrillo.” ¿Y no se notaba que la habían abierto?, “pues no se notaba, abrieron la caja (que no tenía ningún logotipo), se llevaron el contenido y la sellaron con mucho cuidado”.

Cabe decir que con nuestro portátil todo estaba en su sitio y quedó como una anécdota para el recuerdo. Sin embargo, ayer fuimos a visitar a nuestros amigos de Adeje Bike Shop y, al rato, llegó un mensajero con dos bultos, una caja grande, con el logotipo de Specialized bien visible por fuera que contenía una bici de montaña, y una caja más pequeña, marrón, sin ninguna marca comercial, ni distintivo alguno, que contenía unas ruedas de fibra de carbono último modelo, las primeras unidades en llegar a Canarias.

Adeje Bike Shop

Caja de ruedas “vacía”, con unas latas de refresco dentro

La sorpresa fue mayúscula cuando, al abrir la caja, ésta estaba vacía. Bueno, no del todo, pues dentro había un par de latas de Coca-Cola (llenas) y los cartones que protegían las ruedas (Las fotos fueron sacadas en ese momento). Después de llamar a la empresa de mensajería, éstos dijeron que el peso de la caja en aduanas era de 4kg. La pesamos y, efectivamente, con las latas y los cartones, el peso de la caja eran 4,095kg. En este caso la caja la sellaron con cinta de embalar marrón por la parte baja, cuando por la parte alta la empresa la había sellado con cinta transparente, lo que da una idea de por dónde las habían extraído.

A partir de aquí, ya es cuestión de presentar la correspondiente denuncia, investigar el recorrido del bulto y tirar del hilo hasta pillar al responsable, o responsables, del robo.

A nosotros inmediatamente se nos vino a la cabeza escribir un artículo para dar a conocer estos dos casos, que seguro que no son los primeros, ni serán los últimos. Es cierto que las empresas de mensajería aseguran la mercancía que transportan pero seguro que a ninguno os gustaría recoger el paquete que lleváis esperando unas semanas y, una vez en casa, descubrir un ladrillo o unos refrescos dentro.

La advertencia es clara: cuando compréis cualquier objeto, ya sea por internet, a una empresa local, o de fuera, esto da igual, abrid el paquete en presencia del mensajero que os lo entrega para comprobar que en el paquete viene lo que habéis pedido. Así no os podrán decir que es cosa vuestra, que os habéis quedado con el contenido para luego reclamar el robo.

Más vale parecer desconfiados y perder un par de minutos en abrir el paquete, que tener que pelear luego por defender vuestros derechos.

Esto es aplicable a cualquier empresa, quienes por norma suelen comprobar la mercancía. En nuestro caso y aplicado al ciclismo, en las tiendas, cuando llega un pedido grande de material, lo habitual es contar el número de bultos pero no las abres todas para comprobar el contenido. Imaginaos que un mes más tarde abres una caja y descubres que no tiene una bici, o un casco. A ver cómo reclamas el contenido pasadas varias semanas. No es cuestión de ser alarmistas, pero tampoco está de más ser un poco más precavidos.

Esperemos que este mensaje se difunda y que los amigos de lo ajeno se lo piensen dos veces ante de robar lo que no es suyo. Puesto que no es un problema de las empresas de mensajería, sino de los empleados o amigos de lo ajeno que en algún momento del proceso de reparto tienen la oportunidad de apropiarse de lo que no es suyo. Un abrazo.

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