Cuando no se sabe lo que se tiene, ni se lo valora…

Cuando no se sabe lo que se tiene, ni se lo valora…

Entrenamiento de equipos profesionales en Gran Canaria

Entrenamiento de equipos profesionales en Gran Canaria (Foto Región Canarias)

Asisto perplejo al espectáculo que supone transitar en estas fechas por las zonas sureñas de nuestras islas. Impávido, soy superado o supero a decenas de ciclistas venidos de todas partes, principalmente de países europeos. Los hay para todos los gustos: equipos de ciclistas profesionales, jóvenes semipro afinando su preparación para esta temporada, lobos solitarios peleados con la báscula, matrimonios o familias enteras a los que les cuesta mantenerse unidos por lo enrevesado de la carretera o pelotones multicolor recién presentados por el azar de la ruta; todos disfrutan de una mañana de sol espléndida, lejos de sus fríos lugares de nacimiento.

Es difícil encontrar autóctonos del lugar y los que hay, se difuminan perfectamente ante tal avalancha de extraños. Apenas se ven maillots de clubes de las islas. En un recodo de la carretera se dibuja ante mí una figura reconocible, conocida en todo caso, el otrora temible diablo Claudio Chiappucci,  está bajo el amparo de una cuneta, gozando de la compañía de unos aficionados italianos que le han reconocido. Imposible resistirse a inmortalizar el momento con quien, en su día, tantas veces nos levantó del sillón. Todavía recuerdo su escapada camino de Sestriere. Él, encantado de la vida, accede a la foto de rigor con una sonrisa y un gesto de cariño hacia nosotros. Cumplido el trámite, proseguimos camino. Nos trató con la misma indulgencia, respeto y cordialidad con que nos atendió hace unos días la Campeona Olímpica, la alemana Sabine Spitz.

Claudio Chiappucci en Canarias

Claudio Chiappucci en Canarias

Intentando esquivar agujero tras agujero, de lo que en su día se tuvo que llamar carretera, me empiezo a hacer alguna pregunta sobre qué traerá hasta aquí a tanto aficionado a la bicicleta. Solo en la mañana de hoy me atrevería a decir que vi unos quinientos, pero me sacan de mis pensamientos los constantes saltos que da mi bicicleta por el paupérrimo estado de la carretera, bueno, ahora ya es un camino.

Mis reflexiones me llevan a pensar lo lejos que está este turismo, el deportivo, de aquel de litrona y porro, desenfreno nocturno incluido, que se ve por las noches en los centros comerciales y que tantos problemas trae consigo. Los ciclistas, por norma general, solemos llevar una vida ordenada, nada de grandes amanecidas, pues te quedas sin tu salida matutina, nada de excesos con el alcohol o con la comida, pues repercute en su estado de forma y prontito a la cama, para poder madrugar y salir con los compis.

Como doy por hecho que al cristiano de turno, léase de Suecia o Italia, etc., le pase lo mismo que al de aquí, es decir, que no se atreverá a dejar a la parienta-e solo-a en su casita, la mayoría de ellos supongo que viajará con toda su familia, como dios manda, con la consiguiente ocupación hotelera que eso representa. En un vistazo rápido y a juzgar por las bicicletas que traen o alquilan o por las equipaciones que portan, soy capaz de imaginar que su nivel adquisitivo no debe de ser excesivamente humilde.

Accidente Francisco Matías, C.C.Chaveña

Asfalto en pésimo estado de la Carretera Vieja, TF-28, en Tenerife

Otro susto, otro sobresalto producido por el asfalto hace que me aferre al manillar con fuerza para no caer, mientras el penúltimo guiri me supera yo levanto la vista y sigo viendo el desastroso estado del pavimento y me viene a la mente el reportaje de la semana pasada donde un compañero en Tenerife acabó en el hospital por este motivo y me voy encendiendo.

Cruce tras cruce, la carretera cada vez está más deteriorada, ya no sé si hay más ciclistas que agujeros o viceversa. Y siento vergüenza, vergüenza como la que tiene un anfitrión por un invitado, al que no puede atender como es debido, solo que no es un invitado, es un cliente. Un cliente que se irá a su lugar de origen y le contara a sus colegas, menudos somos los ciclistas, que en Canarias el sol guay, las playas guay, sus gentes lo mejor, pero sus carreteras una poca mierda. Con lo cual, quizás la próxima vez que tengan que elegir un lugar de entrenamiento, igual recuerden que en Canarias aparte de sol y buena compañía, casi se parten la crisma en un hediondo socabrón autóctono y deciden probar en otro sitio.

Lamentable estado del asfalto de la carretera GC-21 Teror-Valleseco

Lamentable estado del asfalto de la carretera GC-21 Teror-Valleseco

Está muy bien ver a nuestros políticos dejándose caer por los stand de Fitur, como es su obligación, vendiendo la moto y pavoneándose sobre la calidad de nuestro destino, con razón, pero a veces me pregunto si un españolito de a pie, como el que suscribe, se da cuenta del  cambio que se está produciendo en  el tipo de turismo, cómo es posible que la gente que tenemos al cargo de nuestras instituciones, que se les supone una preparación y experiencia en el sector turístico, no se dan cuenta, o por lo menos lo disimulen tan bien, y no sepan que para vender una moto, primero tienes que tenerla. Si no, corres el riesgo de que te llamen mentiroso, aunque no lo seas, y el mentiroso solo engaña una vez. Cuánto dinero hemos derrochado en pijadas tales como mástiles gigantescos, rotondas adornadas con infames estatuas, carísimas por cierto, por no hablar de los delirios de grandeza con estadios o pabellones de dimensiones mastodónticas, decisiones tomadas por unos y otros, que nos hemos quedado sin dinero para echar una fina capa de asfalto sobre nuestras carreteras. Qué pensarás el alemán o el sueco con carreteras impolutas, cubiertas de nieve y hielo durante gran parte del año, de nuestros caminos de cabras sin apenas desgaste climatológico. Casi que prefiero no saberlo.

 Luego se extrañan en las tertulias de medio pelo de la caja tonta, donde se amontonan políticos de todos los partidos, del resultado de las encuestas. Pues por cosas como estas, por esta desidia que ha invadido nuestro país, en la que todos pelean contra todos, por no hacer nada y acusar al de al lado de sus miserias, independientemente de la ideología en la que se amparen, olvidándose de sus obligaciones y careciendo de cualquier sentido común, sin ni tan siquiera ser conscientes ni darse cuenta de los tesoros que tenemos. Un abrazo.

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