Unai Yus, el ciclocross me enajena. Campeonato de España de Ciclocross 2018

Unai Yus, el ciclocross me enajena. Campeonato de España de Ciclocross 2018

Enajenación mental transitoria… a veces, sufro de eso, a veces escucho voces que me llevan a hacer pequeñas locuras, y estas locuras me hacen feliz.

Por circunstancias de trabajo tenía que ir a Euskadi y “casualidad”, lo pongo entre comillas, porque las casualidades no existen. Y el plan era bueno, dos días de trabajo y dos días de placer viendo los Campeonatos de España. Pero, las cosas no son como empiezan, sino como acaban, y al poco de organizarse el viaje me empezaron a calentar. ¿No vas a correr?, ¿no te animas?, y yo, no, no… que hace años que no corro ciclocross, que no tengo bicis, que es un lío, que… pero en mi cabeza ya empezaba a hacerse una idea: ¡correr!

Y casi a última hora, la misma semana, me decido; atomarporculo, cómo no voy a correr un Campeonato de España de ciclocross y en Euskadi. Me inscribo, consigo que mi antiguo mecánico, que corre en Master 50 acepte echarme un cable e incluso consigo bicis.


Y de esta guisa, sin un entrenamiento en condiciones, sin haber hecho ciclocross en 6 ó 7 años, tantos que ya ni me acuerdo, con unas bicis que pruebo por primera vez (gracias Rober) la misma mañana de la prueba, en la salida de una carrera “de las de antes”. Barro para exportar, medias laderas hasta aburrir y dureza, la que quieras y más. Y claro, salgo atrás, atrás… donde me toca, cosas de no correr.

Pero no me importa, si generalmente salgo a disfrutar, hoy más. Porque, aunque salga a pasarlo bien, normalmente busco conseguir un buen resultado. Hoy, simplemente eso es imposible, así que, a divertirse. Dan la salida y… todos como locos. Con la edad se pierde chispa para la salida y si además ni corres, ni lo entrenas, pues te pasa que te sientes un caracolillo. Encima, para complicarlo más, salimos en una fuerte pendiente. Pues eso, paciencia, que antes de llegar arriba veo cómo se va sentando la gente y poco a poco voy adelantado posiciones. Entramos a la campa, como decimos en el argot los vascos, o al prau, como dicen los asturianos. Atasco en la nacional… el circuito tiene 3 metros de anchura pero no hay manera de pasar, así que todos en rebaño, y poco a poco, con respeto, voy adelantando. En las curvas, con tanta gente, los desniveles y el barro, toca bajarse, patear y volverse a montar. Aquí es donde noto que he perdido técnica. Voy más torpe que si fuera disfrazado con tacones de aguja. Me cuesta un mundo meter las calas, un automatismo súper importante en ciclocross. Y claro, al no llevar los pies sujetos, me cuesta un mundo arrancar y en las bajadas… ni te cuento el descontrol.


Pero voy haciendo, voy disfrutando, escuchando el chapoteo de los pies cuando corro y la succión del barro en las ruedas cuando puedo ir montado. No me importan las hostias que me pego con los pedales en las espinillas por no llevar los pies sujetos, no me importa comprar un par de parcelas con vuelta de campana incluida. Sinceramente, estoy disfrutando tanto que nada me duele. Es otra ventaja del ciclocross con barro extremo, que es como aquel programa de Humor Amarillo, patinas, resbalas, te rebozas, pero realmente, no duele. A los que casi duele, y mucho, es a unos espectadores que casi me llevo por delante en una de las bajadas, yendo con la bici de repuesto porque la otra la estaban limpiando, casi me llevo sentados en el manillar a unos que animaban. El caso es que esa bici iba con freno de disco mecánico… que después de haber dado 2 vueltas con hidráulicos… me jugó una mala pasada. Me fié, dejé correr la bici hasta la mitad de la bajada y cuando quise frenar… aquello aceleró más. No había persona capaz de parar aquel misil que volaba ladera abajo. Se acercaba la curva y yo seguía como un misil, veía que iba a ser incapaz de girar y en el vértice de la curva unos espectadores. Grité, ¡CUIDADO!, se apartaron y allí que fui yo, recto, llevándome por delante las cintas que delimitaban el circuito. De vuelta al circuito, entre aplausos pienso… ahora recuerdo por qué me gustaba tanto esta modalidad.

Queda vuelta y media y ya más o menos me mantengo en la misma posición. Adelanto y me adelantan. Me caigo, sí, otra vez, y me levanto. Pateo con la bici al hombro y me tiro, ladera abajo intentando mantener el equilibrio. Por fin llego a meta. No estoy cansado. Bueno sí, pero mi felicidad es tal que ni me doy cuenta. Hubiera dado otras 6 vueltas, otra hora y pico de carrera. No quiero bajarme de aquí…

Definitivamente, sí hay cosas que echo de menos en Tenerife. Las chuletas y las morcillas se pueden llevar envasadas al vacío, pero el ciclocross no. Habrá que buscar una solución. Mi cabeza ya da vueltas…

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