Unai Yus, hemos sufrido y disfrutado una Vuelta al Teide complicada pero ha merecido la pena

Unai Yus, hemos sufrido y disfrutado una Vuelta al Teide complicada pero ha merecido la pena

Yo podré contar a mis nietos que estuve en aquella Vuelta al Teide de 2018 en la que no pudimos subir al Teide por la nevada, pero que sufrimos y disfrutamos a partes iguales con un recorrido igualmente espectacular, con frío, con lluvia, con viento y con más de 300 tarados como compañía.

Aunque si hemos de ser sinceros tampoco fue tan fiero el león como lo pintaban, lo que pasa es que a los ciclistas nos gusta exagerar nuestras gestas. La semana venía dura, con lluvias y nieve, mucha nieve en El Teide, hasta tal punto que las autoridades cerraron todos los accesos al Parque Nacional y la organización de la prueba se vio obligada a hacer el recorrido alternativo. Un recorrido en el que vale, no se subía El Teide pero que seguía siendo muy duro.

Unai Yus Tenerife Bike Adventures Vuelta al Teide 2018

Unai Yus Tenerife Bike Adventures Vuelta al Teide 2018

Y si la semana fue dura, el día de la prueba empezó duro, con madrugón, pero madrugón de los que duelen si es para ir a trabajar, en cambio, si es para dar pedales,.. ¡te levantas feliz! Sí, los ciclistas somos así de frikis. Y no intentéis explicárselo a alguien que no sea ciclista porque no te entenderá y además te tomará por loco. Pues nada, 05:00 arriba, buen desayuno y a las 06:00 en Las Américas recogiendo a mis compañeros de ruta, 2 de los 4 irlandeses que llevan una semana con Tenerife Bike Adventures y que como plato fuerte de la semana se apuntaron a la Vuelta al Teide. Los otros dos, entre la climatología y que están ya bastante tostados, deciden quedarse en la cama.

De camino hacia Los Realejos vamos charlando animadamente, hasta que al salir del túnel de Santiago del Teide empieza a llover. Por Erjos empieza a diluviar y bajando hacia El Tanque a la lluvia incesante se le une una niebla cerrada que hace que el silencio y la tensión se puedan cortar en la furgoneta. La cosa pinta chunga, pero qué cojones, al menos habrá que intentarlo. En Los Realejos la niebla desaparece y la lluvia es más suave. Nos vestimos y a la salida. Hace frío, pero el calor de otros 300 tarados ayuda a soportarlo. 7:30 de la mañana y con nuestras luces encendidas arrancamos. Primeros kilómetros neutralizados que aprovecho para charlar con Oscar Pereiro, y ambos coincidimos que no nos gusta nada mojarnos, que ya nos hemos mojado suficientemente, pero… que la ocasión lo merece.


Salida real y se sigue a marcheta durante un kilómetro. Juan Martín, más conocido como “el largo” ha preparado la prueba a conciencia y “corre” en casa. Está fuerte, se sabe fuerte y acelera. Ya se sabe que esto es una marcha ciclodeportiva no competitiva pero hay clasificación, con lo que, se vuelve competitiva, jejeje. Allá que van los gallos detrás, un grupo grande, de unos 20. Abandono la cabeza de carrera, una cabeza que sólo volveré a ver en fotos. Me voy descolgando, saludando gente, charlando, abrigado, pero entrando en calor. Es lo que tiene empezar con un puerto de montaña de salida. Llueve sólo a ratos, pero el cielo está gris. Aún está amaneciendo, pero no hay señales del astro rey. Me pilla uno de mis compañeros irlandeses, Stephen y nos juntamos con un grupito. Vamos subiendo, pasamos Icod el Alto y le voy hablando de las plataneras, los plátanos y del Teide que no vemos. Sinceramente no sé si se va a dejar ver hoy. Lleva toda la semana escondido. El otro compañero, Gerard, viene a unos metros, así que seguimos charlando ya que en el grupo va un polaco y algún español que habla inglés. Coronado el puerto empieza a llover fuerte. Parada al borde de la carretera y a ponerse el chubasquero. El día va a ser muy largo y es mejor prevenir que lamentar. Bajamos, ya abrigados, con mucha precaución. Algunos pocos nos pasan, pero a esos los volvemos a adelantar en cuanto empezamos a subir el segundo puerto del día, hasta El Tanque. Fuera chubasquero, fuera guantes y abrir el chaleco. Hay que subir fresquito y no sudar demasiado, que si no luego nos congelamos. Le explico a Stephen que desde aquí las vistas al Teide suelen ser espectaculares, pero que hoy no parece que vayamos a tener suerte. Gerard se ha quedado, pero me dice su amigo que sigamos, de momento. Nos incrustamos en un grupito, y sin darnos cuenta llegamos al Tanque.


Al empezar la bajada, un voluntario, de los muchísimos que hay por todo el recorrido nos pide precaución, ya que en el kilómetro 4 hay gasoil en la calzada. Vuelve a sentirse la lluvia, vuelta a parar a ponernos los chubasqueros. De momento aguanto sin guantes, y la verdad es que no me los volveré a poner en todo el recorrido. Bajamos las cruces, esquivando el gasoil y llegamos a Garachico, giro a derecha y a volar hasta Buenavista del Norte. Viento a favor, Stephen con ganas y los dos, en paralelo, pasando gente que se nos pega a rueda. Está con ganas el colega. Llegamos a Los Silos y sorpresa, adoquín. Los que venían a rueda, desaparecen y nosotros seguimos, como alma que lleva el diablo hasta Buenavista. Total, para parar en el avituallamiento, pero, es que los ciclistas somos así, nos picamos hasta con nuestra sombra. La parada es larga, se nota el frío, pero hemos decidido esperar a Gerard e ir juntos el resto de la prueba. Aprovecho y me tomo un café, un bocadillo de Nutella, chocolate, gominolas… Paso de la frutita, hoy calorías chungas a tope.


Por fin llega Gerard, come algo rápido y arrancamos. Vamos los tres solos, pasamos a alguno que venía por detrás nuestro pero ha parado menos. Stephen va más fuerte y me dice que va a seguir. Le digo que el siguiente avituallamiento sólido está en Santiago del Teide. Yo voy con Gerard y nos acompañan otro par de chicos. Hace fresco, pero no frío, llueve a ratos, pero es soportable. Subimos, poco a poco. Pasamos El Palmar, Las Portelas y llegamos al Mirador de Baracán. Las vistas hacia el norte son preciosas, pero le digo a mi compañero que lo mejor está por venir. El valle de Masca. Pero antes, hay que cruzar el infierno, el pasillo del Mirador de Baracán. La organización ha redoblado esfuerzos, piden bajarse a la gente y les ayudan a pasar, caminando porque el viento es brutal en este punto siempre delicado con Eolo. Yo digo que no paro, pido paso y cruzo, giro y apunto hacia Masca. Sin problema, cosas de la experiencia, digo yo. Espero a mi compañero, que cruza acompañado, se monta, aprovecho a sacar unas fotos, le digo que siga y lo pillo antes de llegar al Mirador de Hilda. Aprovecho, hoy que voy relajado, para disfrutar de las vistas. Aún con frío, con el cielo plomizo, con momentos de lluvia, Masca es sobrecogedor. Bajamos a Masca, Stephen nos está esperando en el avituallamiento líquido. Fotos, con mi móvil fotos, de la organización, selfie de rigor y para arriba. Stephen poco a poco se va, yo voy con Gerard charlando e intentándolo con otros ciclistas. El sol se une a la fiesta y asoma, haciéndolo todo mucho más especacular, con unos brillos increíbles. Me adelanto, saco unas fotos, animo, me vuelvo a montar y consigo que Gerard corone en el Mirador de Cherfe sin poner pie a tierra. Mi compañero Massimo nos saca unas fotos y nos dice que tiene ropa seca por si la necesitamos. Seguimos, bajamos a Santiago del Teide y paramos. Más chocolate, más Nutella y más gominolas acompañadas de Coca-Cola, no sea que me quede sin azúcar hoy, jejeje. Seguimos con las fotos, los saludos con los compañeros que hacen la corta y a seguir subiendo. Sí, toca seguir subiendo, si alguien se creía que con Masca ya estaba, se había equivocado. Arguayo, vencido, bajamos hasta Chío y de aquí a Tamaimo. Fresquete tirando a frío, no es momento de hablar, si no de concentrarse y apretar para volver a entrar en calor. Y baja que si entramos en calor, toca volver a subir a Santiago del Teide y… sorpresa, parada en un bar a tomar un barraquito. Señores, que esto es una marcha ciclodeportiva, disfrutemos al máximo. Arrancamos y seguimos, siempre juntos, hasta coronar Erjos.

Unai Yus Tenerife Bike Adventures Vuelta al Teide 2018

Unai Yus Tenerife Bike Adventures Vuelta al Teide 2018

Abandonamos el sur y joder cómo se nota. Bajamos hacia San Jose de Los Llanos, donde en invierno desenchufan los frigoríficos. Con sacar la comida al balcón es suficiente. Este es el otro Tenerife, el frío, pero frío de verdad. El verde, el auténtico, el desconocido. La Montañeta, seguimos bajando con la carretera húmeda, con musgo en algunas zonas, resbaladiza, hasta llegar al Tanque. Ya queda menos, voy animando a mis compañeros, aunque no les hace falta, van más que animados. Llegado Icod, cuando piensas que casi lo tienes, te paras en otro avituallamiento sólido, y mientras te tomas el café, acompañado de su ración de chocolate y su bocata de Nutella, por supuesto te das cuenta que aún queda tela que cortar. Hay que subir por la Guancha hasta Icod el Alto. Se lo comento a mis colegas, que responden tomándose otra ración de gominolas. Los miro y por si acaso decido hacer lo mismo. Menos mal que mis hijos no me están viendo, a ver si no cómo justifico yo este exceso de gominolas.

Al lío, con calma, sin prisa, pero sin pausa. Las piernas pesan, pero ya pensamos en llegar y eso ayuda. Además, aunque se nota más el frío que por el sur, el Teide, nevado, nos ha saludado. Nos ha dicho que este año no ha podido ser, pero que el próximo año nos permitirá que lo veamos de cerca. Espectáculo increíble que nos da fuerzas. Vamos adelantando gente, saludando, animándonos entre todos. Poco a poco vamos formando un bonito grupeto. Lo importante es terminar el reto y disfrutar. Así lo entendemos y de esa manera, con esfuerzo pero sin agonizar coronamos el último puerto del día.  Para que no se nos olvide la épica, vuelve a llover en la bajada, que hacemos con precaución, y siempre en grupo, en buena armonía, a buen ritmo, llegamos a la meta. Nos damos la mano, nos abrazamos, nos damos la enhorabuena y nos citamos para la próxima.

Pero la prueba no ha terminado, queda la paella, la guinda de esta gran organización volcada en el ciclista. Se nota que ellos también saben lo que se sufre encima de una bicicleta. Aún quedará un buen rato hasta llegar a casa, tiempo para refrescar las imágenes de la memoria y quedarnos con la grandísima organización de la que hemos disfrutado. Voluntarios de Protección Civil en todos los cruces, chupando frío como nosotros. Los Ángeles Verdes, esos moteros que se han mojado como nosotros, apoyando a la Guardia Civil para garantizar nuestra seguridad. Voluntarios ofreciéndonos todo lo necesario además de muchos ánimos en los avituallamientos. Genial, increíble. Ha sido sólo la 2ª edición, una edición complicada, donde han tenido que buscar un recorrido alternativo, y a pesar de todo, la prueba ha sido un éxito. Por mi parte, nos volveremos a ver en 2019. No te lo pierdas, merece la pena.

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