Unai Yus, competir de noche y ver amanecer a 2.000m solo se puede hacer en la Teide 360

Unai Yus, competir de noche y ver amanecer a 2.000m solo se puede hacer en la Teide 360

Muerto pero feliz, eso sería el resumen más sencillo posible de la Teide 360. Muerto porque es una prueba dura, exigente, larga, matadora. Y feliz porque la prueba y su organización son simplemente espectaculares.

Con muy, muy pocas horas de sueño aparco en Vilaflor. Hace fresquito, tirando a fresco. Normal, aunque sea en Tenerife a 1.500m a las 5:40 de la mañana hace frío. Casi sin hablar, supongo que por aquello de lo intempestivo de la hora, por el frío, por los nervios por no saber a lo que me enfrento, me preparo y me voy para la salida. Lo que antes era un hervidero de corredores por las zonas de aparcamiento ahora es como un pueblo abandonado en una peli de vaqueros. Todo el mundo ha volado para la salida. No sé que hora es, he guardado el móvil en el bolsillo y aún no he encendido el Garmin. Pedaleo hacia la plaza de Vilaflor y cuando llego veo que está a reventar. Afortunadamente tengo sitio en el primer cajón… Faltan más de 10 minutos aún, y la tensión se palpa en el ambiente. Salir de noche, correr con luces, la longitud y desnivel de la prueba… se nota y mucho.

Unai Yus Teide 360 2018. Foto Toñi Cruz

Unai Yus Teide 360 2018. Foto Toñi Cruz

Por fin la cuenta atras y arrancamos detrás del coche de organización que nos llevará hasta la carretera general. Y nada más quitarse el coche, si alguien creía que esto era una marcha de amigos, se da de bruces con la realidad. Richard se pone a marcar un ritmo no divertido, al menos para mi, las 2 últimas semanas han sido duras  y me duele hasta el alma. Pero vamos, que casi lo prefiero, así se me quita el frío y se hace una selección y vamos más tranquilos, que por muchas luces que llevemos, de noche, todos los gatos son pardos.

Lolo, Richard, Gustavo,… parece que todos tienen ganas de ir tensando la goma mientras ganamos altura por la carretera que lleva al Teide. Mirada abajo y disfrutamos del espectáculo de la fila interminable de luces que vemos por debajo. Y es que 740 locos en bici con focos es algo espectacular. Seguimos subiendo, ya sin sentir el frío y entramos en la pista Madre del Agua. Si ya en el asfalto la sensación de peligro y un ligero mareo se notaban, al entrar en la pista, aún más. Cuando no es Lolo es Gustavo, pero esto no se para. No sé cuantos corredores quedaremos porque mirar atrás es imposible en estas condiciones, pero pocos.

Unai Yus Teide 360 2018

Unai Yus Teide 360 2018

No sufro en exceso pero tampoco voy cómodo, y no puedo mirar el Garmin en esta oscuridad. Y como que soltar la mano para tocarlo e iluminarlo no es una buena idea. Así que, a seguir aguantando a rueda. Me dejo caer en el grupo y… sorpresa, sólo vamos 5 corredores, los torturadores Lolo y Gustavo, Sergio Flores, Esteban Cardona y yo. Aún es de noche, el horizonte empieza a clarear pero la oscuridad lo sigue envolviendo todo. Bajamos, rápido, muy rápido para no ver nada y de repente frenamos, giramos a la derecha y cuando vamos a  tiramos por una zona estrecha y revirada, por la que nos dicen que tenemos que bajar a pie.

Supongo que esto debe de ser el barranco de El Río, la organización nos ha recalcado que tenemos que hacerlo a pie . Sinceramente, y a toro pasado, no sé porque las autoridades competentes no lo permiten. Es un barranco, lleno de piedras, no es volcánico y a estas horas y con voluntarios de la carrera abajo y arriba…  senderistas no nos vamos a encontrar. Y para más inri, con nuestras zapatillas de suela rígida, rompemos más que con la goma de las cubiertas.

Unai Yus, Teide 360MTB 2018

Unai Yus, Teide 360MTB 2018

Caminamos la última parte, está muy roto, es muy estrecho y no merece la pena arriesgar a tener una avería, además, ya casi empieza a subir, y la subida es totalmente imposible. En uno de esos traspiés, Gustavo rompe el hilo del cierre de su zapatilla. Va caminando como puede, le decimos que no se preocupe, que seguro que puede seguir. Vamos caminando, yo tropiezo varias veces y bromeo diciendo que voy dormido aún, cosa que en parte es verdad y en parte es el cansancio que arrastro. Llegamos al final del barranco y nos encontramos con voluntarios de la organización. Lolo les pregunta si tienen bridas y… voilá, magia, la zapatilla de Gustavo arreglada. Mientras alguno aprovecha para hacer pipí y yo busco desesperadamente aceite, lubricante o lo que sea, como si es aceite de oliva para mi cadena. Ayer limpié la bici y la dejé para engrasar hoy a la mañana, pero claro, a las 6:00 de la mañana y a oscuras… pues no me he acordado. Voy acojonado, la cadena suena fatal, tengo miedo de que se rompa, así que, truco de viejo, agua cada poco tiempo hasta que encuentre a alguien que tenga algún tipo de lubricante. Y es que en esta carrera, hay voluntarios por todas partes. No sé cuantos todoterreno habrá por el recorrido, pero es espectacular.

Arrancamos y a los pocos metros, el Colombia, Esteban Cardona, pincha subiendo. Manda huevos, ya es mala suerte, después de hacer toda la bajada bastante pasado y por fuera del sitio sin pinchar… pincha subiendo. Así que seguimos los 4, disfrutando por momentos del amanecer por encima de El Contador. Cosas que sólo se pueden disfrutar en la Teide 360, competir de noche y ver el amanecer a casi 2.000 metros de altitud. Llegamos al primer avituallamiento, el agua casi sin tocar, y de comer, ni hablamos. ¿Cómo cojones voy a comer si un día normal me estoy despertando a estas horas? Eso sí, me paro y pregunto a los del todoterreno si tienen lubricante. Uno de ellos se mete al coche y saca grasa líquida y el mítico aflojatodo. Me decido por la segunda opción, lubrico y arranco. Mis compañeros han seguido, sin parar pero aflojando un poco el ritmo. No sin esfuerzo llego a ellos. Eso sí, cuando llego, pongo cara de póker y aguanto la respiración… vamos, como si viniera de paseo.

Unai Yus Teide 360 2018. Foto Toñi Cruz

Unai Yus Teide 360 2018. Foto Toñi Cruz

Seguimos ganando altura, la subida es interminable, pero las vistas y el amanecer hacen que el sufrimiento y el frío pasen a segundo plano. No vamos a tope pero tampoco de paseo, es un momento de hacer camino y de marcaje y estudiar a los compañeros/rivales. Aunque no voy bien, me empiezo a encontrar un poco mejor y voy pasando a tirar de vez en cuando. Allá a lo lejos, muy lejos, se ve el Observatorio de Izaña y a Gustavo parece que le anima que me ponga a su par. Tanto que Lolo empieza a quedarse. Gustavo sigue a lo suyo, Lolo cada vez más lejos y Sergio y yo haciendo de tripas corazón para no quedarnos. Cuando ve que el victoriero y yo perdemos unos metros afloja, lógico, irse sólo sería una locura, además de un aburrimiento supino.

Por fin coronamos, hace frío, 4.5º y corre un viento que hace que la sensación térmica sea muy baja. Unos metros por carretera hacia El Portillo y nuevo cruce a la derecha para entrar a pista. Empezamos a bajar, con el viento de frente. Voy delante, los cambios de luz nos están dejando ciegos, el sol está aún muy bajo y molesta.  Pero a Sergio parece no molestarle, y se ha tomado lo de “entrando en pista… para despegue” al pie de la letra. Empieza a acelerar, a soltar los frenos y a gustarse. Toca concentrarse y disfrutar. Bueno, disfrutar, lo que se dice disfrutar… a ratos, porque otras veces noto que las pelotas me aprietan la garganta. Tengo un par de sustos, he perdido la rueda delantera 2 veces, pero me mantengo de pie.

Llegamos al primer avituallamiento grande, Ramón Caminero, punto de dónde sale la Teide 180º, está petado de gente, voluntarios, corredores y espectadores. Espectacular, sin palabras. Sergio y Gustavo paran, yo sigo, pero les digo que voy a parar a mear. No sé si será efecto del frío o del “miedo” que he pasado bajando. Nos volvemos a juntar y seguimos. Subidas, bajadas, pinocha y sobre todo piedras. Toneladas de piedras. Empieza el juego de los palitos. Como que no quiere la cosa, de buen rollito pero con toda la mala hostia del mundo, vamos tirando del trío en las zonas que más cómodos nos sentimos. Van pasando los kilómetros, uno tira y disfruta y dos sufren a su rueda. Esta carrera es tan larga y hay tantos tipos de terrenos que vamos alternando en nuestros papeles de torturador a torturado. Eso sí, ver el Teide, imponente, majestuoso, elegante, señorial es un bálsamo que hace que todo sea más fácil. El Teide y la enorme cantidad de voluntarios que nos vamos encontrando. Increíble que en 125 kilómetros no te sientas sólo y desamparado en ningún momento. Y casi todos esos voluntarios tienen una garrafa de agua aunque no sea un punto de avituallamiento. Impresionante despliegue.

Van pasando los kilómetros pero esto sigue siendo interminable. La Pista del Agujero se llama… Y la verdad es que no sé porque. Madre mía, qué cantidad de piedras. Menos mal que vamos los 3 con doble, al menos es menos costoso avanzar. Seguimos avanzando y acercándonos al Chinyero, un pequeño tesoro poco conocido, con lo que queda menos para la zona recreativa de Chío. Llegamos un nos encontramos un avituallamiento XXL. Es enorme y hay de todo. Yo me decido por un par de bocadillos de Nutella, gominolas, una Coca-Cola y rellenar los botellines de agua. Todo muy saludable y equilibrado.

Unai Yus Teide 360 2018. Foto Toñi Cruz

Unai Yus Teide 360 2018. Foto Toñi Cruz

Arrancamos y a la carretera. Llega la parte menos bonita de la prueba. Subir 14 kilómetros por asfalto con una bici de monte, no mola. Creo que las autoridades competentes tendrían que darse cuenta que no hacemos ningún daño en nuestras monturas de carbono. Vamos, bastante menos que los 4×4 de los cazadores que sí pueden circular por la pista que a la organización le han vetado. En fin… el caso es que reviso la centralita, me pongo a un pulso concreto y le doy al botón de “mantener intensidad”. Hace viento, lo suficiente para que cueste avanzar y sea más cómodo ir a rueda, pero me da igual, yo a lo mío. Esta carretera me la conozco de memoria, sé los kilómetros que faltan, los desniveles… todo. Parece que Sergio no va cómodo, ya llegando al avituallamiento venía a unos metros, pero no me fío. Si acelero, él acelera, pero nunca llega a  entrar. Así que insisto e incluso medio engaño a Gustavo a que me de un relevo. Doble premio, Flores está más lejos y Gustavo se ha llevado un bonito calentón, que aprovecho para seguir insistiendo y ver como poquito a poco se va quedando. 5 kilómetros aún a Narices del Teide, otros 4 a Boca Tauce y 3 más al retamar antes de empezar a bajar. Insisto, y Gustavo aunque me mantiene la referencia se va alejando, aunque menos de lo que a mi me gustaría. El que sí parece ir a menos es Sergio. Como, bebo e insisto, llego a Narices del Teide, meto todo, me acoplo al manillar para ganar aerodinámica y sigo. Ahora sí que parece que mis antiguos compañeros de fatiga están más lejos, pero la mayor velocidad engaña mucho, así que toca seguir apretando un huevo contra otro. De Boca Tauce al Retamar sí me siento fatigado. Me cuesta avanzar, pero ahora sí que veo que el hueco es grande.

Corono y aprovecho para volver a comer y beber. 15 kilómetros a meta, tan poco y tanto. La bajada está rota, muy rota y la pendiente es fuerte. Atención máxima, ya hay mucha fatiga y es mucho más fácil caerse o romper algo. Además voy pensando en el final. No lo conozco pero me han dicho que tiene sorpresas. La cadena vuelve a quejarse, se ha secado, normal, llevo más de 5:00h exigiéndole a la mecánica. Otra razón más por la que ir fino.

Voy sobrado de comida y bebida, no de fuerzas. Me duelen los brazos, la espalda, la vista está cansada… pero voy primero. No quiero ni pensar cómo vendrán los últimos por aquí. Y aparecen, por fin, las emboscadas finales, los repechos, uno, dos, tres, siete, nueve… pierdo la cuenta. Hasta que aparece EL REPECHO. ¡Mecagüensuputamadre!, una puñetera pared y un voluntario en el alto grabando. Pues por mis cojones que no te voy a dar el gusto de verme caminar. Casi muero en el intento, pero corono sin bajarme. La cadena chirría, me duele hasta el alma, per al fondo veo Vilaflor el  cartel de último kilómetro.

Cruzo el pueblo y levanto los brazos. Sí, lo sé, es una prueba ciclodeportiva, pero he podido con ella, he bajado de las seis horas, he sido el más rápido, que no el vencedor. El vencedor es todo aquel que lo ha intentado. Y el mejor, el rey, es la organización. No tengo palabras, lo han bordado. En recorrido, en reto, en apoyo y calor humano, en hacer al ciclista, del primero al último, el protagonista de la fiesta. Gracias Teide 360, no te olvidaré, y si puedo, volveré.