Unai Yus, esta carrera y yo una tenemos una relación tormentosa

Para todo corredor hay carreras especiales, que quiere ganar, carreras apetecibles por muchas cosas, pero que por la circunstancia que sea… nunca consigue conquistar. Hoya del Abade y yo, una relación tormentosa. Mira que le digo cosas bonitas, que tengo detalles, que la mimo, que la quiero… y ella, coquetea conmigo, se deja querer pero al final, siempre se me escapa con su sonrisa traviesa.

Unai Yus Hoya Abade 2018. Foto José Ramón Monty

Unai Yus Hoya Abade 2018. Foto José Ramón Monty

Un año más allí estaba en la rampa de salida de la crono pensando quién coño me habría mandado meterme en ese fregado… Venía con todo, bici rígida, con horquilla rígida, rodillo, buen calentamiento en la misma rampa de salida. Bueno, todo no, me he dejado la cinta del pulsómetro en casa, jejeje. Total, para el caso que le iba a hacer… Y menos mal que he venido con todo,  porque si no, me meten la del pulpo. Salgo el último, me lo tomo “con calma”, busco el ritmo y me concentro en hacerlo bien. Primera zona de camino, cemento y otra vez camino buscando sensaciones hasta que llego al asfalto. Se acabaron las sensaciones. Toca dejarse de chorradas y apretar un huevo contra otro. Esto es duro, de momento, un poco más adelante, muy duro. Alterno ir de pie y sentado, creo que voy relativamente rápido para no ir a tope… Bueno,voy casi a tope, porque es la única manera de subir El Topo. Menos mal al público y los ánimos… y a las fotos y videos, jejeje. Gracias a eso intento poner una cara decente, antes muerto que con mala cara…

Se acaba el asfalto, una pequeña bajada y a seguir subiendo, esta vez por pista. No me encuentro tan vacio como el año pasado, pero tampoco consigo tener una sensación de fluidez mínima. Voy duro, lento, las sensaciones son pésimas y no existe sensación de velocidad. Cabeza fría, tener buenas sensaciones en esta crono es algo imposible, vuelvo a mentalizarse que sólo hay un camino, y es sufrir, agachar el lomo y apretar los dientes hasta que rechinen. 

Voy pasando algún corredor y llego al giro a la izquierda que me lleva hacia El Abade por la Pista de El Rayo. Es la zona más rápida, en la que más tiempo se puede ganar o perder según como llegues. Sigo, insisto, hasta llegar al parque recreativo, cruzo la meta y por fin dejo de sufrir. Para las malas sensaciones que he tenido salvo el día, 4º, aunque debería de haber sido 5º si Sergio Flores no se hubiera marcado un “Perico” llegando tarde a la salida.  Mañana domingo, es la carrera de verdad, aunque visto la igualdad de hoy, se presenta una mañana entretenida.

Domingo 9:30, La Sebe, lugar de salida. Falta media hora aún, siento el cosquilleo en la boca del estómago. He venido en bici con mis compañeros del Loro Parque, es lo más cómodo para esta complicada salida. Además así ya calentamos un poco. Me dan la mala noticia que este año se sale lanzado desde abajo. ¡Joder… qué poco me gusta!, y cuantos más años cumplo, menos me gustan las salidas en subida y explosivas. Nos colocamos en parrilla y….al lío. Se sale rápido pero sin entrar en locuras. Sergio, que corre en casa y está herido en el orgullo por “El Perico” marca el ritmo. Los Buff Scott Guerrilla y Llordella a rueda, Pedro Rodríguez y Lolo están por allí. Y yo con las patas de palo, duras, sin sensaciones, sufriendo e intentando cerrar los huecos. 

No hay manera, subiendo El Rincón el local se lleva a los gallos del Buff Scott. Me pongo de pie, me siento, subo piñones e intento ir sentado. Bajo para pedalear de pie. Nada, ni de una manera ni de otra. Pienso en todo lo que me queda por delante y lo mal que me encuentro. Guerrilla se queda y lo pasamos, a mi me pasa Lolo y se me va. Por delante, Sergio y Llordella, a los que no vemos. Detrás Lolo sólo. Y yo con Pedro, Gustavo, Blas Rivero, Brian… Voy fuera de sitio. No siempre se puede ir el primero, a veces toca comer tierra y pasar miseria, pero me encuentro fuera de lugar. Sobre todo porque me llevan colgado. Pero más atrás no puedo ir. Es más, voy aquí por orgullo, por huevos. Giramos a la derecha, enfilamos hacia el asfalto del cruce de Arafo. Aún queda bastante, pero hay menos inclinación, menos desnivel y por ganas consigo acelerar un poquito. Me llevo a Gustavo y Brian y llegamos hasta Lolo, casi al salir al asfalto. Las sensaciones siguen siendo pésimas, pero al menos estoy disputando el pódium. Hacemos el kilómetro del asfalto, cuento 40” con la cabeza, que visto lo visto, es un logro. Podía haber perdido 2 ó 3 minutos. 

Empezamos a bajar para volver al Rincón por Torrillas y Lolo se pone delante. Marca un buen ritmo, rápido pero seguro. Perdemos a Brian y seguimos Gustavo y yo a rueda del pelirrojo. Hay que tener cuidado que han arreglado la pista y han quitado los peraltes en los que nos apoyábamos. Llegamos al Rincón y nos encontramos con corredores, muchos corredores de la distancia corta. No estamos para muchas bromas. Vamos pidiendo paso, y afortunadamente la mayoría se apartan bien. No es fácil hacerlo, si en algún momento alguien sintió miedo o le molestamos, pido disculpas, pero 3 corredores jugándose el podio, relativamente cerca de cabeza de carrera y en un trenecito de tres… os aseguro que no se frena demasiado. Y menos con Lolo marcando el ritmo. Entramos en el sendero de La Vica y la cosa se complica. Aquí todo es más estrechito, en muchos momentos puro singletrack. Lolo tira, yo silbo y pido paso y Gustavo da las gracias cuando pasamos. Trabajo en equipo. En algunos momentos hay tensión, algunos corredores creen que bajan tan rápido como nosotros y no se quieren apartar. Hasta que Lolo les mete el cuchillo y pasamos los tres. Casi al final, en la última parte, el de Tri-Ciclos adelanta a uno de la corta y Gustavo y yo no podemos. Acaba la bajada, giro a la derecha y empezamos a subir. 

Unai Yus Hoya Abade 2018. Foto Aregume

Unai Yus Hoya Abade 2018. Foto Aregume

Apretamos y ahí va de León, mezclado entre corredores de la corta que vamos pasando. Trago de agua, y a seguir por La Vica hacia Cruz de Funes, me pongo delante y sigo pidiendo paso.  Llega una zona muy sombria, algo embarrada, y llena de piedras que es imposible de pasar montado. Me bajo, corro un poco, salto a la bici y sigo. Me cantan 25”. Ya estamos… otros corredores de la corta me dicen que están ahí mismo. Lo de siempre, parece que están ahí mismo….pero están lejos Por sorpresa me quedo sólo. Tengo a Gustavo muy cerca pero no veo a Lolo. Gustavo llega a mi rueda en el momento en que en una recta veo a la cabeza de carrera. Se lo digo a Gustavo pero ni me mira. Me vengo arriba, es una zona rápida, donde la bici corre, una zona que siempre se me ha dado bien. Me voy acercando, cada vez más y Gustavo se queda. Redoblo el esfuerzo. Sigo teniendo unas sensaciones malas, peor al menos ahora no son horribles. Y por fin, cazo a cabeza de carrera. Llego a su rueda justo en el momento en que llegamos a un avituallamiento, el avituallamiento en el que está el jefe Humberto. Sus palabras son…”Unai, ¿agua?” Voy tercero y veo cómo Sergio gira la cabeza totalmente como una tortuga al sacarla del caparazón y me mira con ojos como platos. Puedo leer su mente, su cara lo dice todo…”¿Y este tío de dónde cojones ha salido?” 

No me quedo ni medio kilómetro a rueda, voy muerto pero ellos no lo saben. Además, por una parte no quiero que entre Gustavo, y por otra, me gusta correr al ataque. Marco el ritmo, no voy súper, pero al menos vamos al ritmo que yo quiero. El pulso sigue sin subirme, las piernas siguen doliendome, pero al menos, por fin, voy disfrutando. Van pasando los kilómetros, sigo tirando, pero creo que mis compañeros van cómodos y afilando el cuchillo. Efectivamente, al llegar a la Plaza de la Paz por segunda vez, allí donde la Pista de Fuente Fría apunta para Las Lagunetas Sergio pasa, se pone de pie y yo hago aguas. Veo como Flores de pie tensa y Llordella le sigue, aparentemente fácil. A mi ya sólo me queda seguir agachando el lomo, apretando e intentando disfrutar hasta meta y mantener el tercer puesto. No es fácil, Gustavo no viene excesivamente lejos y aún queda subida. Me siento bastante vacío. Al cazar a la cabeza de carrera he cometido el error de no coger agua. Llevaba la mitad… ahora llevo un cuarto y un escupitajo. Me como media barra, ya que hasta ahora no he comido nada. Errores que se cometen cuando te llevan fuera de punto y sigues a base de testiculina. Poca cabeza… error.

Estoy llegando al punto en que empieza la bajada y no veo a Gustavo por detrás. Creo que voy a salvar el día. Intento y consigo disfrutar. No es para menos. Con lo mal que lo he pasado y con el fin de fiesta en forma de sendero que tiene esta prueba… a pesar de los pesares, llego con una sonrisa de oreja a oreja a meta. 

Una ducha, dos platos de pollo con papas arrugas y un refresco (hoy no hay vino que tengo que conducir) más tarde ya empiezo a ser persona. Hoya del Abade 2019… volveré a mirarte a los ojos para intentar conquistarte, aunque me empiezo a temer que no es chica para mi….

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