La ley seca llega al ciclismo. Prohibido beber agua en bici.

Me gustaría compartir con todos vosotros una anécdota que me vino a contar hace unos días un amigo. Quiero pensar que es solo una anécdota, una historieta que contarle a los amigos en plan “Pues a mí una vez…” y espero que mi ignorancia no me juegue una mala pasada y que esta batalla que aquí os largo no caiga sobre mi espalda como una espada de Damocles en forma de aclaración oficial, nota de prensa o nueva ley aprobada en no sé qué boletín del estado, ni la madre que lo parió.

El caso que, como os contaba, un grupo de colegas se preparaba para su disfrute matutino: salidita en bici mañanera de toda la vida de esa que gozan en un día laboral ciertos “afortunados” como los jubilados, los parados, aquellos que tienen turnos estrambóticos en su currele, algún que otro estudiante de pellas y los que hacen de su capa un sayo en su trabajo. La ruta elegida: un clásico de la matiné grancanaria, peregrinación hacia San Felipe por la GC-2, que por si no lo conocéis deciros que deben ser los únicos 2 km llanos que tenemos en la zona norte de la isla y parte del extranjero, una carretera por otro lado con un tráfico de tres pares de cojones, pero que por eso del masoquismo ciclista nos atrae como moscas a la miel.

Compone  el minipelotón un quinteto que camina raudo y veloz en pos de una feliz mañana ciclista. Cada uno con sus alegrías y sus penas, el que no sale nunca, el que no para de salir y dice que no sale, el que no sale jamás, el que justo le ves el único día que sale y el salido, pero con este no vamos a perder mucho tiempo, por lo perdido de su caso. Los compadres van adecuando su marcha antes de llegar a esa especie de velódromo suicida en el que nos gusta jugar con nuestra vida, exactamente el tramo de carretera que va desde la rotonda de Bañaderos hasta la de San Felipe. Yo  calculo que en mi caso habré repetido esa ruta unas 2.502 veces aproximadamente, y me consta que soy un primavera al lado del personal que parece haber nacido rodando en ese cacho de asfalto.

Los ciclistas somos animales de costumbres, nos gusta repetir siempre las mismas pautas, solemos echarnos el cortadito en el bar de fulanito, tener un control casi neurótico de la presión de las ruedas, el móvil en este lado de maillot por si acaso me caigo o el sorbito de agua en determinado sitio. Esta última “piedra” debía de estar rondando por la cabeza de fulanito, nuestro “prota” componente del improvisado quintento, cuando ni corto ni perezoso le dio por desenfundar su bidón para aplacar la sed mientras proseguía dando pedales, “con un par”. Su placer fue tan efímero como fugaz, la presencia de una unidad de la Guardia Civil a su altura justo en el momento en el que fulanito estaba cometiendo su tropelía  convirtió el momento en un coitus  interuptus en toda regla, sobre todo cuando los agentes de la benemérita aminoraron su marcha. Y con esa pausa que siempre precede a la tempestad  se pusieron en paralelo a él, bajando la ventanilla, cuando a caraperro el copiloto le disparó muy educadamente un…

“Está prohibido beber sin bajarse de la bicicleta. Usted no puede soltar el manillar de su bici. Esta vez le aviso, pero la próxima vez esa negligencia le costará una sanción.”

Acto seguido subió la ventanilla y se perdieron entre el tráfico por la soleada mañana de finales de verano. Allí quedó fulanito, nuestro prota, con el Gatorade saliéndosele por las orejas, el Garmin pitando descontrolado por los esfuerzos de su patata apretando nalga contra nalga por no irse por la patilla del susto que le había metido la benemérita, mientras juraba que no volvería a cometer semejante desmán amén se le sequen las carnes… Ya dio igual toda la ruta, los colegas, los pulsos y la biblia en pasta. De fulanito, nuestro prota, cuenta la leyenda que pasaron doce días hasta que timorato se volvió a acercar a una garrafa de agua con o sin gas, sus más allegados narran que anda medio “deshidratao” mientras que nadie es capaz de quitarle la mochila de la chepa que se compró “con la misma” desde su último encuentro con las fuerza del orden y que solo despega los labios de la caña de su nuevo macuto  para decir “Si  bebes no conduzcas…”

Cuando llegó a nuestros oídos la historia que os acabamos de contar estuvimos buscando información al respecto y no encontramos nada que indique expresamente que coger un botellín de agua para beber esté prohibido. Sin embargo el Reglamento General de Circulación (Real Decreto 1428/2003) dice lo siguiente:

Artículo 17. Control del vehículo o de animales.
1. Los conductores deberán estar en todo momento en condiciones de controlar sus vehículos o animales.
Artículo 18. Otras obligaciones del conductor.
1. El conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción, que garanticen su propia seguridad, la del resto de los ocupantes del vehículo y la de los demás usuarios de la vía. A estos efectos, deberá cuidar especialmente de mantener la posición adecuada y […]

Por lo que entendemos que, según el agente, el ciclista no estaba en condiciones de mantener bajo control la bicicleta al soltar una mano para coger el bidón y beber agua. Así pues, esta llamada de atención de la Guardia Civil (velando por la seguridad del ciclista), quizás se produjo porque observara que éste se movía más de la cuenta. O quizás es extrapolar en exceso una ley pensada para los conductores de los automóviles, algo que es discutible. Un abrazo y cuidado en la carretera.