Unai Yus, no me gusta como caza la perrita…

Unai Yus, no me gusta como caza la perrita…

Sábado 3 de junio, 16:55, empieza una carrera especial, La Hoya del Abade 2017. Este año, puntuable para la Copa Tenerife MTB vuelve a tener 2 etapas, una crono-matada y el maratón del domingo.

Arranco el penúltimo, como 2º clasificado del año pasado, y detrás sale el local y actual vencedor, Sergio Flores. Este año, a diferencia de hace 2 años la crono es más corta, “sólo” 6 kilómetros. La salida es por encima de los viñedos de La Victoria de Acentejo. Un primer kilómetro relativamente llano, por cemento y cruzando una viña nos llevan a las primeras rampas de El Topo. No sé la razón de ese nombre, pero, puede ser que sea porque arriba, en las que rondan el 30% de desnivel no ves nada. He adelantado a varios corredores y pillo a Jose María Guzman en las rampas más duras. Ambos queremos hacer eses para hacer las rampas más suaves, pero nos hemos quedado en paralelo y nos es imposible. A lo lejos, bueno, no muy lejos en espacio pero sí en tiempo veo a Pedro Rodríguez y Suso. Prefiero no mirar hacia arriba, bueno, aunque quiera la pendiente brutal me obliga a mirar al suelo si quiero pedalear de pie. Por fin acaba el asfalto y las rampas más duras. A partir de aquí pista de tierra hasta el parque recreativo de La Hoya del Abade, la meta y nombre de esta carrera.


Llega el momento de empezar a apretar, a partir de aquí es dónde se abren las diferencias porque es dónde la bicicleta corre algo. Lo intento pero voy ahogado, tengo que recuperar, así que levanto un poco el pie. Tengo a Jose María a rueda y eso no me gusta. Primera bajadita terminada y a subir. Me pongo de pie, bajo un piñón y mis piernas son de madera, gamba de legno que dicen los italianos, patas de palo por aquí… No hay sensaciones, el pulso no baja, no consigo sentir nada que no sea dolor. No hay sensación de potencia en las piernas, no siento los músculos… tengo 2 putos palos por piernas. Espero que todo el mundo vaya parecido, así que sigo apretando lo que puedo. Sigo adelantando corredores, madre mía, si yo voy así de mal, esta gente se tiene que sentir a morir. Poco a poco me voy acercando a meta, es lo único que quiero, llegar… Hace sólo un par de curvas que he soltado a Guzmán, miro hacia atrás y veo a un Descendin… y a otro. He adelantado también a Suso, pero…si Guzmán lleva casco rojo, Suso negro y el que veo lleva casco blanco… MIERDA, es Flores. Está cerca, aprieto, pero sigo teniendo las patas de madera… y las suyas parecen no dolerle porque se sigue acercando. Hacemos los últimos metros de la crono juntos y él entra delante. En total, 31” de ventaja. Mañana domingo la cosa va a estar complicada.

Como el año pasado, subimos en coche a La Vica y desde allí casi 5 kilómetros pedaleando suave hasta La Sebe, punto de salida. Afortunadamente este año la pista de cemento, un kilómetro, vuelve a ser neutralizado y al llegar arriba se escucha el pitido que abre la veda. Sergio Flores se pone primero, Pedro Rodríguez que ayer hizo 3º se coloca a rueda y yo tercero. Guzmán, 4º ayer, que corre en casa está desatado, nunca suele salir tan fuerte y hoy me va asomando la rueda. Unos metros por la pista El Rayo y… cruce a la izquierda para subir El Rincón y la cosa se pone seria. Sergio sigue a lo suyo, como si la cosa no fuera con él, Pedro a rueda y yo detrás soplando, mientras que Guzmán y el resto de corredores van perdiendo metros. Miro hacia atrás y veo mucho amarillo, mucho Loro Parque. Pero la carrera está aquí, delante, bueno, está 2 puestos delante de mí, está en el ritmo de Sergio. Pedro empieza  a ceder unos metros, espero, quiero ver si está jugando a dejarme pasar o de verdad va justo. Yo cómodo no voy, pero un poquito más puedo apretar. Y tengo que terminar haciéndolo porque el hueco con Sergio se hace más grande. Lo paso, intento cerrar el hueco y me cuesta… uy,uy,uy… no me gusta cómo caza la perrita… Lo pillo y a rueda, soplando y jadeando hasta coronar El Rincón.


Toca seguir subiendo, hasta el kilómetros 12 no se acaba, pero ya es más fácil. Pero ya sabéis esa expresión del ciclismo que dice, las balas no matan, mata la velocidad a la que vienen, y Sergio, después de darle yo un relevo de compromiso, se pone de pie y me abre un hueco. Un huequito que se va haciendo hueco y enseguida un mundo. No me lo puedo creer, una zona fácil, antes del kilómetro 10 y Sergio se me escapa sin aparente esfuerzo. Mi cuerpo no reacciona, no me sube el pulso, no consigo sufrir y me dejo ir. Salimos al asfalto, y SORPRESA, para lo mal que voy veo a Sergio. Pero es sólo una ilusión, calculo la diferencia y me doy de frente con la realidad, 40”. Empezamos a bajar hacia Torrillas y El Rincón. No voy cómodo tampoco bajando, de hecho miro varias veces hacia atrás porque estoy convencido de que me pillarán por detrás. Pero no aparece nadie. Es extraño, voy desconectado, desganado, como si fuera un trámite pero no me pilla nadie por detrás, así que no iré tan despacio. Paso El Rincón y empiezo a adelantar gente de la distancia corta. Y no sólo eso, un todoterreno que baja por la misma pista que nosotros.


Y casi sin darme cuenta me meto en el sendero de La Vica. ¡Qué gustazo! Me encanta esta parte. Además está lo suficientemente húmeda para darle un puntito de picante. Salimos y sigo adelantando gente, cada vez más, de la corta. Sergio debe de ir con minuto y medio de ventaja aproximadamente.  Y llega mi punto de inflexión, cuando en una de las veces que miro hacia a tras veo a Jose María Guzmán y Julián Gómez. Esto no puede ser, se acabó el arrastrarse sin pena ni gloria. Me centro, me animo y voy pasando pelotones de compañeros que hacen la corta. Los de atrás se apartan rápido, pero los de cabeza muchas veces no se enteran y siguen de charla y me obligan a volver a pedir paso y perder velocidad. Cosas de carrera, nos pasará a todos parecido, pero me molesta que algunos vayan como en una cicloturista en lugar de una carrera. Cada cual tiene su ritmo y su nivel, pero una carrera es una carrera. Busco seguir centrado, apretando, y de vez en cuando me vuelvo para mirar atrás y me relaja el no ver a mis perseguidores.  Sigo adelantando y por fin disfrutando del ritmo y de mis piernas. Vuelvo a ser yo, el corredor que no se rinde. Pero ya no pienso en Sergio, sólo pienso en hacerlo lo mejor posible.

Pero para mi sorpresa, en Pata Guanche me cantan tres diferencias por debajo de los 30”, y aunque creo que no son reales, de repente lo veo. Va a estar complicado, pero redoblo mis esfuerzos hasta el punto de pasar el último punto de control a 7”.  Todo es bajada, primero El Rincón. Está muy roto, mucha piedra, y las diferencias se mantienen siempre alrededor de los 10”. El se esconde en cada curva cuando yo salgo a la recta. Giramos en El Rayo, pasamos El Abade y las diferencias siguen igual. No puedo ir más rápido, no al menos dentro de los límites de seguridad. Estamos llegando al sendero, el final de carrera y ahí sí que será imposible recortar diferencias. Entro y me encuentro tráfico, espero que él también haya encontrado corredores de la corta. La mayoría se apartan rápido, alguno tarda más porque no lo ve claro. Y en una de las curvas cerradas, llego a un corredor que va a pie con la bici en la mano, le pido paso, echa a correr para facilitarme el paso y se cae todo lo largo que es con la bici al lado. Imposible pasar y él no consigue levantarse. Está en una posición complicada, así que le doy la mano y lo ayudo a levantarse. Si no lo hago tardará más….Me da las gracias, se disculpa y sigo. La carrera no ha acabado, pero ya no voy a pillar a Flores, así que me dedico a disfrutar de las últimas zonas de bajadas, los curradisimos senderos que nos llevan hasta el cetro de la Victoria de Acentejo.

Otra vez gana Sergio en casa, está en estado de gracia y a tope de moral. Sólo queda darle la enhorabuena y disfrutar del pollo con papas mientras van llegando todos los valientes que se han animando con este carrerón. Nos vemos en 2018.