Unai Yus, para valorar los grandes días tiene que haber días menos buenos

Unai Yus, para valorar los grandes días tiene que haber días menos buenos

Para valorar los grandes días como ayer, tiene que haber días menos buenos como el de hoy. Y no voy a decir que ha sido malo porque sería mentir. Cómo diría el gran Zugasti hoy ha sido un día de pobres, muy pobres. A las 06:30 estábamos toda la Vuelta desayunando… si a eso le sumas que ayer tardé en mear en el antidoping y que ya fui retrasado toda la tarde-noche… y el subidón de la victoria… El resultado de esa ecuación es muy pocas horas de sueño.

Salía muy tranquilo hoy, ni siquiera he calentado ya que la carrera no iba conmigo hasta El Sauzal. Estaba 5° en la general y no me iban a dejar moverme, así que simplemente tenía que estar atento hasta el puerto. Salimos y antes de cumplirse el primer kilómetro un corredor toca algo o hace un afilador y entra directamente de la parte izquierda del pelotón al centro. Caen un par de corredores más, freno, los libro pero cuando creo que ya está… me arrollan por detrás.

Al suelo, un corredor de Fachadas Dimurol pasa por encima mío, me hago una pelota, siento más golpes y todo se para. Me levanto como un resorte, agarro la bici, veo que no tiene nada, sólo la cinta de manillar rota, monto y arranco. Mis compañeros me han visto caer y me están esperando. El pelotón ha ralentizado el ritmo y entro fácil, mientras aprovecho a mirarme las heridas y la ropa rota. Varios corredores me preguntan si estoy bien y les contesto que sí. Realmente no noto un gran dolor. Sí quemazón, pero no dolor, no un dolor que me impida pedalear al menos.


Poco a poco el pelotón va acelerando, pasamos Garachico y en la subida de El Guincho empiezan los ataques. Alguno de los que están bien clasificados se filtra en los cortes y todo vuelve a empezar. Se va rápido pero cómodo. Los corredores del Escribano tienen oficio, saben tirar, gestionan muy bien los tiempos. Por fin se escapa Jesús Nanclares con un italiano y el equipo del líder no deja más. No quiere más gente por delante. Varios equipos lo intentan varias veces. Incluso con 2 corredores a la vez, pero no llegan a coger ni 10″. Por delante Nanclares y el italiano siguen a lo suyo. Y así pasamos El Socorro, La Orotava, el Mirador de Humboldt, Santa Úrsula, las curvas de la lavandería Mara y llegamos a los toboganes. Cambio de tercio, empiezan a moverse corredores importantes, Adrián Trujillo y algún compañero de equipo, el francés que va 6° en la general, los italianos…


Yo voy saliendo a los cortes, me encuentro bien, estoy tranquilo. Coronamos los toboganes y veo que el grupo se ha seleccionado mucho, nos tiramos para abajo con los compañeros del líder tirando y yo bien colocado. Empieza el puerto más duro de la vuelta y desde abajo, desde la primera rampa ataca Adrián. El 4° de la general se suelda a su rueda, el líder y el italiano que va 2° siguen a ritmo pero terminan acelerando para juntarse al flaco de Tenerife. Yo siento que no voy. No consigo acelerar. No voy muerto, no voy parado pero me falta una marcha. Hoy no tengo las piernas de ayer. Busco mi ritmo y con mi compañero Sergio Álvarez intento minimizar daños. Creo que él puede subir más rápido pero se queda conmigo. Vamos con más corredores, tenemos a los gallos a la vista, pero en la rampa final vuelve a haber batalla y se nos van a 30″.


Cuando me cantan esa referencia lo veo negro, pero que muy negro. Cazar a los primeros va a ser muy complicado. Sergio tira, me intenta llevar y algunos otros corredores ayudan, pero yo voy justo, es más, cuando paso al relevo siento que los freno. Nueva referencia 40″. Hasta ahora los veíamos pero hemos perdido incluso a los coches. Seguimos apretando lo que podemos, yo más bien nada hasta meta.

Finalmente pierdo sólo una posición, principalmente gracias a Sergio Álvarez y a Juan Mesa que han tirado como mulos… porque mis relevos eran de peseta. Terminada otra vuelta a Tenerife, muy satisfecho con una victoria de etapa y un 6° en la general como resultado de un gran trabajo de equipo.