Unai Yus, volveré y volveré hasta que gane la Magma Bike Maratón de El Hierro

Unai Yus, volveré y volveré hasta que gane la Magma Bike Maratón de El Hierro

La Magma Bike Maratón, en la isla de El Hierro, es una carrera diferente y especial. Dije que volvería hasta que consiga ganarla, así que en 2018 tocará volver a disfrutar de este fin de semana.

Porque la Magma Bike Maratón no es una carrera, es un fin de semana completo, una fiesta del ciclismo donde se confraterniza como en ninguna otra prueba. Juanjo, la cabeza visible de la organización, ha metido nuevos cambios para seguir mejorando la prueba, y personalmente creo que ha acertado.

Salimos con algo de retraso porque han cambiado la salida y se ha complicado un poco el tema de parrilla, etc. Pitan y arrancamos desde la Plaza de El Pinar hacia la Hoya del Morcillo por asfalto, con unas rampas que te ponen el corazón ya a tope. Cómo es costumbre, Jacob Reyes toma el mando. No subimos al límite pero si a un buen ritmo que hace que cuando el corredor de Loro Parque se aparta al entrar en la tierra sólo quedemos en cabeza Sergio Flores, Pedro Rodríguez y yo.

Unai Yus en Magmabike Maratón 2017. Foto: Fonsbici Fonsworld

Unai Yus en Magmabike Maratón 2017. Foto: Fonsbici Fonsworld

Otra vez lucha a 3 bandas, ¿quien será el mejor hoy? Es Sergio el primero que empieza a marcar el ritmo por el pinar del parque recreativo de la Hoya del Morcillo, por un sendero ancho marcado con piedras. Buen trabajo de la organización. La salida por asfalto en subida ha hecho que la carrera se estire antes de este carrusel de pequeñas subidas y bajadas divertidísimo. Flores marcando el ritmo, Pedro a rueda y yo cerrando el grupo.

Llegamos al campo de fútbol y al salir de un giro de 180° Pedro acelera para ponerse primero. Sergio no le deja, pero insiste y lo consigue. El de Vadebicis lleva en El Hierro desde el miércoles y ha reconocido todo el recorrido, así que supongo que viene bajada si insiste tanto. Efectivamente, coronamos y nos encontramos una bajada ancha, rápida y sencilla que nos mete a un sendero. Empieza la fiesta, Pedro empieza a jugar sus cartas y saca un puñado de segundos a Flores y otros pocos a mi. Se acaba el sendero, giro a la derecha y entramos en la pista por la que antiguamente se venía de salida. Acelero y pillo a Sergio y me quedo a rueda. Pedro nos lleva 5 ó 6 segundos y espero que tape el hueco, pero veo que no y lo adelanto. Cambio el ritmo y Flores no me sigue. La distancia con Pedro es pequeña pero me cuesta cerrar el hueco. Tengo que apretar de verdad. Entro a rueda del palmero y me quedo ahí a intentar recuperar, pero Pedro no afloja y no consigo bajar el pulso. Le paso, me pasa, no hay ataques pero tampoco aflojamos porque no queremos que Sergio entre.

Y llegamos al primer punto complicado de la carrera, las famosas zetas de la muerte. Es un sendero estrecho, con mucha inclinación, terreno suelto y con varias curvas de casi 180°. Pedro aprieta y entra delante. Llegamos al primer giro de 180° y se para, empieza a dar saltitos tipo trialsín para colocar bien la bicicleta y arrancar pero como yo soy más perro que Niebla (el perro de Heidi) me bajo y… ¡lo adelanto corriendo por el interior! En la siguiente curva pierdo tracción y otra vez a correr. Son curvas que entrenando se suben más o menos bien pero cuando te plantas en carrera con el corazón en la boca la cosa se complica.

Vamos subiendo, ya todo montado, yo delante y Pedro detrás, en ese punto de velocidad que te permite ni caerte ni reventarte porque la subida es dura, dura. Volvemos a salir a la pista principal y sigo marcando el ritmo. Vivo, muy vivo, pero sin ir a tope, aunque llevo el pulso muy alto y no consigo que me baje. Pedro pasa a marcar el ritmo y me doy cuenta inmediatamente que no voy cómodo. Sigo muy cerca de la zona de explosión y mi rival no afloja. Cabeza fría y a sufrir. Me voy auto motivando, me digo que Pedro va a aflojar y yo voy a ir mejor. Pero eso no ocurre y tras un rato enganchado a su rueda trasera me suelto.  No es una explosión, voy perdiendo metros poco a poco. Pedro se da cuenta y acelera, con lo que el hueco se va haciendo más y más grande.  Yo mantengo el ritmo, hoy no me puedo venir abajo. Miro atrás y el hueco que llevo yo a Sergio es más grande que el que me lleva Pedro a mi. Sigo a lo mío, buscando a la cabeza de carrera con la mirada pero cada vez lo pierdo más.

Normalmente soy yo el que se va subiendo y Pedro me recorta bajando. Y hoy, de momento, no me salen las cuentas. Toca ponerse el mono de trabajo y tapar el agujero. Empiezo a ir algo más cómodo y veo a Pedro algo más a menudo y más cerca… O al menos eso me parece. Pero queda menos de mitad de subida para arreglar este problema. Sigo insistiendo y sí, estoy recortando. Me motivo y busco a Pedro, que aparece y desaparece envuelto en niebla como si fuera un ente. La subida se acaba, miro el GPS y me lleva 23″. Zona rápida de llaneo y bajada a la Cruz de Reyes, donde sale la corta. Los corredores que esperan me animan y me cantan 15″. La verdad es que parece estar más cerca, pero no cae. Vamos enlazando zonas de picón, senderos y pequeñas subidas y bajadas. El terreno favorece a Pedro, pero voy fluido y recortando tiempo.

Cada vez estoy más cerca, hoy está siendo el mundo al revés, Pedro me saca tiempo subiendo y yo se lo recorto en las zonas técnicas. Y de pronto… veo que se para y ¡coge un botellín de detrás de una piedra! Táctica James Outchelony, sé autosuficiente. Arranca y me quedo a unos metros, no llego a pillarlo. La ventaja oscila entre los 5 y 10 segundos, se me va, le recorto, se me va, recorto… Y van pasando los kilómetros. Me estoy divirtiendo como un niño, vamos realmente rápido, volando por los senderos de La Llanía, El Cordal y un nuevo sendero espectacular que nos lleva al Balcón de Jinámar justo a la puerta de las praderas de Nisdafe.

Mientras escribo la crónica me doy cuenta de que en todo este tiempo de disfrute no he pensado en Sergio Flores y el resto de corredores. Mi mundo se ha reducido a la rueda trasera de Pedro, el hueco que hay hasta mi rueda y la siguiente curva.

Saltamos un tronco y entramos en la maravilla que son las praderas de Nisdafe. Voy viendo la trazada de Pedro y eso facilita las cosas, casi lo tengo. Toca seguir concentrado y sin cometer errores. Y por fin, casi 20 kilómetros después estoy con Pedro. La rueda ha girado, pero tengo que darle toda la vuelta, así que no espero e intento soltar a Pedro según llego. Aguanta, se pone a la par, tensa él también… Pero yo insisto más y me pongo delante. Ritmo, ritmo y ritmo, el año pasado solté  a Pedro en esta zona pero este año me aguanta más, hasta que llega el camino real, para mi la parte más dura de la carrera.

Voy ganando ventaja, Pedro sufre pero no se rinde. Yo ahora sí voy a tope, enseguida empieza la bajada y eso es terreno de mi rival, así que no puedo especular, tengo que aumentar la ventaja todo lo que pueda. Empieza la bajada, concentración y dejar correr la bicicleta: cuanto más fluye, cuando menos frenas y aceleras, mejor. Empiezo a disfrutar dejando correr la bici. Ya es la tercera Magma Bike que corro y recuerdo bastante de la bajada. Se van alternando tramos de sendero entre pinos, arbustos y una pequeña zona de brezo y laurisilva cerca de la Llanía. El sendero que obliga a ir totalmente concentrado, a anticiparte a las curvas y a las pequeñas subidas y bajadas que te rompen el ritmo. Lo lógico es que Pedro me pille, no le llevaba más de 30 segundos, pero le va a costar… Siempre y cuando no cometa un error y me descentre.

Unai Yus en Magmabike Maratón 2017. El Hierro

Unai Yus en Magmabike Maratón 2017. El Hierro

De repente me encuentro subiendo un repecho bastante largo, no me cuadra. Sé que hay pequeñas subidas pero son eso, cortas, pero acabo de ver una cinta, así que será otro de los cambios de la carrera. Sigo, sigo, pero ya no veo más cintas. ¡Mierda!, dudas…, ¿qué hago? Decido darme la vuelta y voy bajando despacio, porque estoy convencido de que vendrá alguien subiendo… Hasta que llego a un cruce y dos senderistas extranjeros me dicen para dónde es.

¡No puede ser, me he vuelto a perder! Me enfado, mucho, conmigo mismo. No suelo perderme, y esta es la tercera en lo que va de temporada. Es increíble, cuanto más lo pienso más me enfado. Y me ofusco, me tiro para abajo demasiado rápido, por encima de mis límites. Pedro no me ha visto perderme, así que espero que en su afán por pillarme y no verme cometa un error. Pero el error lo cometo yo. No me da tiempo a saltar un socavón y pego un llantazo. Enseguida noto que pierde algo de aire pero parece que sella. Paro a meter aire, tiro de la bomba de mano, hincho y arranco. Sigo segundo. Decido que ya, aunque a Pedro le pase algo no lo voy a pillar, así que cambio el chip y empiezo a bajar más lento.

Paso la Hoya del Morcillo y empieza la zona de picón y arena suelta. Siento que poco a poco sigo perdiendo presión pero de momento aguanto, no quiero parar a poner cámara. Sigo bajando,  sigo acercándome a La Restinga, tengo que llegar como sea sin meter cámara.  Veo que Flores se me acerca y termina pillándome en el puto peor momento, al llegar a LA TRIALERA. Él con doble, yo con rígida y poca presión. Y en lugar de dejarle paso me ofusco, me pico e intento que no me adelante. ¡Seré gilipollas…! Lo que consigo es que me pase y pegar otro llantazo y cortar del todo la cubierta. Ahora ya sí que no tengo más cojones que parar y meter camara.

Quito la válvula, meto cámara y pongo la bombona de CO2. Como ya está todo torcido, no va bien, porque la válvula sobresale muy poco. Así que a hinchar a mano. Cuando estoy terminando pasan casi seguidos Rubén Amador, Lolo de León y Jose María Guzmán. Recojo todo, me lo guardo en los bolsillos y arranco a tope. Veo a Guzmán, quiero pasarlo. Ya es una cuestión de orgullo. No es tanto por el puesto, si no por adelantar a alguien. Me cuesta, pero voy recortando, y en la última zona de picón lo adelanto.  Sigo pedaleando, sigo apretando, ya se ven las casas de La Restinga. Pero cuando algo va mal, puede incluso ir a peor. Ir con cámara y cubierta es jugar a una ruleta rusa y… ¡Ppuummm!, otra vez pinchazo, de golpe, nada de aire.

Estoy seguro que mis juramentos se estarán escuchando desde Tenerife. Corro unos metros y salgo al asfalto, a la parte alta de La Restinga. Voy como puedo, despacio, en llanta hacia meta, pero 50 metros antes de llegar me pasa Jacob Reyes. Al final, 7° con todas las peripecias… Cruzo meta y no me paro con nadie. Estoy demasiado enfadado, me voy directo a la playa. Me quito la ropa, me quedo sólo con el culote y me meto al agua. Salgo, me seco al sol y ya estoy en condiciones de hablar con el resto de corredores… Fin.